[ARCHIVO DEL ECO · CAPA 3 · 15,6% DECODIFICADO · CLAVE: SONIDO EN DIRECTO DE LA CEREMONIA DE APERTURA DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE VERANO DE 2008]
Día 75, 03:11:44, escalón 78.
A las siete y veinte de la mañana entra en el archivo la trama del 5 de junio. Adebayo, poco pasado las ocho, ya espera de pie junto a la impresora; cuando sale el papel, se lleva la media página del tramo de deportes.
El equipo local gana de dos.
La trama trae también un parte meteorológico y una noticia sobre cierta ayuda a la maquinaria agrícola; Xiao Gao coteja dos topónimos.
Lao Song saca un huevo de té del cajón, lo pela, lo deja en su mesa y no dice nada. Adebayo da las gracias. Dice Lao Song que ya dijo que de esto no entiende.
El segundo país llega al mediodía del día 76. Otro breve, otra vez treinta segundos. Esta vez el motivo lo leen deprisa; de todo solo alcanzo a oír «concentración no registrada». La imagen muestra la puerta de un edificio con una pancarta cruzada encima, y en la pancarta no hay nada más que una fecha: fondo blanco, caracteres negros, a mano; el segundo dígito escrito más grande que el primero.
El tercer país, el día 78. Más largo esta vez, un minuto veinte; un periodista a cámara, expertos. El motivo: peligro para la seguridad pública.
En los tres tramos aparece la misma palabra; los subtítulos dan su nombre traducido: «Iglesia del Calendario».
Al tercer montón de la portería llegan dos sobres más, impresos; pegada al sobre, una papeleta escrita a mano; el destinatario, «al compañero responsable del instituto de investigación»; la firma, nada más que tres números: 2079, 4, 19. Sin remitente, sin dirección de respuesta.
Tong los saca de la caja de cartón y los deja en la parte interior del alféizar, apartados de las siete cajas de tarjetas.
Digo que por qué no los devuelve.
Dice Tong que eso no cuenta como carta de insultos.
Digo que entonces qué cuenta como.
Dice que cuenta como encargos que le han dejado.
En el campo de observaciones del libro de registros copia la firma de los dos sobres; copia, ni más ni menos, aquellos tres números. Al acabar me pregunta si 2079 es un año.
Digo que sí.
Dice que entonces aún queda tiempo.
Digo que cuarenta años.
Dice que ah. Se pone el capuchón a la pluma.
En el comedor alguien le pregunta a Ye Zhen qué es la Iglesia del Calendario. Dice Ye Zhen que no sabe. Esa misma tarde las cuatro palabras las busca en el índice; al acabar me dice que en la base no están. Digo que el índice es una base de topónimos. Dice que lo sabe.
De camino a casa veo en el tablón de la urbanización una hoja escrita a mano: una fecha, y debajo de la fecha cuatro caracteres: ya notificado. Al día siguiente la hoja está arrancada; donde estaba quedan cuatro pegotes de cinta, con un pelillo de papel todavía pegado.
No pregunto quién la arrancó.
Por la noche el televisor del comedor da una entrevista, dos personas discutiendo. La campana extractora ruge y se come la mitad del sonido. Me llegan media frase: uno dice que saber el resultado no cambia la obligación. La otra voz, más rápida, dice que saber el resultado disuelve la obligación. El presentador se mete, y antes de que acabe cortan a un anuncio: relojes-teléfono para niños, la letra del pie dice «localización exacta hasta el piso».
Lao Song mira un rato y dice que su nieto lleva uno de esos.
Digo que mm.
Dice que su nuera no le deja verlos.
Del que hablaba rápido quedó después otra frase; la cortaron. El presentador suelta una sonrisa, la imagen parpadea un instante en negro. Lao Song pregunta si esto es en directo. Digo que no sé.
De lo de Ye Zhen supe el resto tres semanas después.
Puesta la banda ancha, tramitó tres cosas más: el número de móvil de su hermana estaba a nombre de su cuñado, y lo pasó al nombre de su hermana; la tarjeta de la seguridad social electrónica la dio de alta con un escaneo facial desde el móvil — hizo falta intentarlo tres veces: las dos primeras su hermana parpadeaba demasiado rápido, y a la tercera le dijo que no parpadeara, que no se moviera, hasta que en la pantalla salió una línea de letra verde —; y una miniaplicación de compra, para la que pasó una tarde entera en la tienda, y de paso se la enseñó a las dos tiendas vecinas.
Debajo de la columna «Retroactivo» escribió cuatro líneas.
Pregunto cuánto cuesta la banda ancha al mes.
Dice que treinta y dos.
Dice que la pregunta es de su hermana. Su hermana, al terminar de preguntar, soltó una: entonces, cuántas cortinas tendré que vender al mes.
Cada día repasa las tramas recién llegadas, buscando la calle Bushi. En las de junio, ni una.
Vuelve a sacar la trama del 25 de abril y la pasa una vez. Esta vez no mira gente: mira el código de cobro cuadrado de la puerta. Anota las coordenadas de las cuatro esquinas del código en el índice, entrada 04255, campo de observaciones: borde levantado · abajo a la derecha.
El comedor abre a las seis y media. Cuando llego solo hay dos personas. Me siento; en el respaldo de la silla de enfrente cuelga una chaqueta, gris, de hombre, lleva tres días allí y nadie viene a recogerla. Como siete minutos y me acabo el panecillo al vapor. Uno, abierto, trae dentro un pegote de masa sin levar, duro; lo dejo al borde del plato, sin comerlo. Al irme empujo la silla hacia dentro.
Lao Song viene con su cuenco y se sienta. Cuenta que su nuera apagó la localización del reloj, tres días apagada, al cuarto la volvió a encender, y encendida a mostrar solo hasta la urbanización. Lo cuenta revolviendo el arroz caldoso con la cuchara; revuelve un buen rato y al acabar no bebe.
Adebayo cambia la apuesta. La segunda vez apuesta veinte yuanes con Xiao Gao, y Xiao Gao pierde. La tercera pega una hoja en la pizarra: los partidos del día, el hándicap, las cuotas, y debajo tres líneas en blanco — que apueste quien quiera, el nombre escrito detrás.
Las tres líneas siguen vacías al caer la noche.
Él escribe su propio nombre en la de arriba.
Me explicó las cuotas una vez, tres minutos. Había palabras que no entendí; explicó dos, la tercera no la explicó, dijo que no importaba. Digo que entonces para qué la dice. Dice que por costumbre.
Lao Song acaba apostando una vez más, apostando los youtiao del desayuno del día siguiente; pierde. Dice que es la última. Al tercer día apuesta otra vez: un vaso de leche de soja.
Lo primero que hago cada mañana al llegar al puesto es encender el terminal y mirar las diez mil y pico filas de la capa 3, y copiar la cifra en una nota adhesiva. Una nota al día, pegada al borde del monitor; treinta y tantas forman una tira.
Al copiar leo la cifra de derecha a izquierda, dos veces. Un día me equivoco y copio mil noventa y siete; lo veo al día siguiente, al pegar la nueva, arranco aquella y pego una limpia. La arrancada la meto en el libro de registros, en la página cuarenta y tres.
El miércoles por la tarde voy a la clase. La profesora manda a Nian tocar la pieza entera; al acabar no dice que bien ni que mal. Dice la profesora que el día del examen ella no puede ir siguiendo la pieza, que tiene que seguir sola. Nian asiente. Al salir, bajando la escalera, dice: y si me paro, qué. Digo que entonces paras un momento. Pregunta si pararse cuenta como error. Digo que no.
El viernes, al ir a por Nian, cuenta que su clase cambia de profesor de matemáticas; el apellido del nuevo no se le queda. Dice que el de antes se fue sin decirles nada.
Dice que el examen de grado queda fijado para el último sábado de agosto.
Digo que faltan más de dos meses.
Dice que la profesora dice que desde ahora tocan cuarenta minutos al día.
Digo que ahora son veinte.
Dice que la profesora dice que en agosto ya serán cuarenta.
Día 79, 03:11:44, escalón 82.
La trama del 9 de junio entra en el archivo a las siete y veinte de la mañana. En los cuarenta minutos del tramo de noticias internacionales, en 00:04:11, hay un fragmento de un minuto veinte: un río, un puente, coches pasando; la cámara se para tres segundos en la entrada del puente. Los subtítulos dan dos topónimos: río Baini, Erdaogou.
Lo veo una vez, apunto el número de trama, y no hago nada más.
Por la mañana del día 80, Shen Yi viene a pedirle a Ye Zhen la lista. Es la tercera.
Lo que quiere: de las doce tramas del 1 al 12 de junio, todas las veces en que los dos topónimos salgan en una misma trama, listando número de trama, tramo horario y texto literal del subtítulo.
Ye Zhen le da una hoja. Dos veces en total. 06-09, desde 00:04:11, un minuto veinte; 06-11, desde 00:11:37, cuarenta y siete segundos. La segunda es el mismo puente, con la cámara en la otra orilla.
La trama del 06-11 la saqué yo al día siguiente por la mañana. Cuarenta y siete segundos; sobre el tablero del puente, un triciclo con una tela echada encima. El segundo topónimo del subtítulo aparece una sola vez, y cuando aparece un camión tapa medio carácter.
Shen Yi la coge, le echa un vistazo, la dobla y se la mete en el bolsillo interior.
Dice Ye Zhen que si hace falta, monta una columna por topónimos.
Dice Shen Yi que no hace falta.
Cuando se va, Ye Zhen se queda un rato de pie a mi lado. Dice que esos dos topónimos no están en su base. Digo que qué significa. Dice que en los mapas de ahora también están, pero lo que ella grabó es de 2079, y al grabarlo consultó, y no los encontró. Digo que no encontrarlos, qué significa. Dice que no encontrarlos es que no están.
Me los marca en el mapa de ahora: dos puntos, un río en medio. Ha medido: cuarenta y siete kilómetros en línea recta. Al acabar de medir se pone el capuchón a la pluma.
En la pizarra de Adebayo, ese día, hay tres líneas; la tercera la tacha él mismo. Pregunto por qué la tacha. Dice que nadie apuesta. Lo dice y borra media pizarra; borrada, escribe una línea nueva.
Por la tarde del día 80 llevo a Shen Yi una página: los parámetros técnicos de la trama del 9 de junio — número de trama, tasa de bits, duración, códigos de tiempo del subtítulo — más las peritaciones que podemos practicar, cinco.
Las cinco que anoto: si los bordes del subtítulo son coherentes con el ruido de la imagen; cotejo del tipo de letra con los demás subtítulos de la misma trama; cotejo del código de tiempo con las marcas de tiempo de dentro de la trama; vectores de movimiento del bloque de texto; muestreo de croma.
Al acabarla la releo, tacho la última y escribo «pendiente».
La coge, le echa un vistazo y dice: mira los subtítulos.
Digo que ¿mirar qué?
Dice que mirar si la letra está añadida después.
Digo que en cuatro días hay resultado.
Dice que sin prisa.
El día 81, a las dos de la tarde, la reunión.
Las sillas de la sala las pone Tong; seis; al acabar las cuenta y añade una. El equipo de grabación lo enciende él; encendida la luz roja, retrocede hasta la puerta, se queda dos segundos con la mano en el marco y se va. Sobre la mesa reparten una hoja; en la esquina inferior derecha pone página tres, de tres. Las dos primeras no se reparten.
No somos muchos. Zhou Yansheng, Shen Yi, Ye Zhen, yo, y uno que no conozco. Ese lleva una camisa gris clara, con un doblez en el puño, de esas camisas que salen de una maleta sin planchar. Se sienta en diagonal frente a mí, no dice palabra en toda la reunión, y al irse empuja la silla hacia dentro.
Shen Yi lee tres puntos.
El primero, el acceso al tramo de esquelas por niveles: desde la semana próxima, tres niveles; el tercero exige dos firmas y una declaración del uso.
El segundo son los relojes de dos estaciones del fondo. El de rubidio de la S-23 ya está cambiado; el de la S-08 sigue en moratoria, y la moratoria llega hasta octubre.
El tercero lo lee más despacio que los dos primeros.
Cierta dependencia propone aplicar un «precalentamiento» al incidente fronterizo de junio de 2079 en la dirección del río Baini.
Deja la hoja y lee la definición: siguiendo la línea temporal que muestra el archivo, completar por adelantado el despliegue previo de efectivos y la preparación de la opinión pública, de modo que la situación sobre el terreno coincida con el archivo antes de junio de 2079.
Al acabar, no habla nadie.
Zhou Yansheng pregunta: "¿Qué significa precalentamiento?"
Shen Yi dice: "Siguiendo la línea temporal que muestra el archivo, completar por adelantado el despliegue previo de efectivos y la preparación de la opinión pública, de modo que la situación sobre el terreno coincida con el archivo antes de junio de 2079."
Zhou Yansheng dice: "Eso es lo que acaba de leer."
Shen Yi dice: "Es la definición."
Zhou Yansheng dice: "¿Montado para quién lo vea?"
No contesta nadie.
Paramos medio minuto, poco más o menos. Cuento el reloj de la pared: el segundero avanza treinta y un pasos.
El de la camisa gris clara enrosca la tapa de su vaso y, enroscada, pone la mano encima.
La reunión dura cuarenta y siete minutos. Al levantarse Shen Yi recoge la hoja, una a una, todas, las esquinas alineadas, y las mete en el maletín rígido.
Al levantarse la sesión Ye Zhen me pregunta una cosa en el pasillo.
Dice: "Si ellos dejan el terreno puesto igual siguiendo aquella trama, el puente de aquella trama, ¿cuenta como que lo leímos mal?"
Digo que no.
Pregunta que entonces qué cuenta como.
Digo que cuenta como estar igual.
Dice que ah.
Zhou Yansheng está de pie en el pasillo, esperándome.
Dice: "«Río Baini», esos tres caracteres, ¿cómo los ves tú?"
Digo que la letra del subtítulo va puesta encima.
Pregunta que si puesta encima, o filmada dentro de la imagen.
Digo que en cuatro días se sabrá.
Dice que se lo diga cuando se sepa.
La oficina de personal repartió una vez un impreso para que cada uno rellenara si había participado o no en organizaciones relacionadas, y lo entregara. Tong también lo rellena. Al acabarlo me lo alza para que lo vea: en aquella casilla, un «ninguno» escrito grande, ocupando la casilla entera.
De vuelta al puesto saco la trama del 9 de junio y veo aquel minuto veinte dos veces.
La primera, los subtítulos.
La segunda, el puente.
Al acabar lo cierro. No lo guardo.
El día 82, por la mañana, entra el 12 de junio. En aquella trama no está el río Baini, ni está Erdaogou.
Tres días después de la reunión me cruzo con Zhou Yansheng en la escalera: él sube, yo bajo. Va agarrado a la barandilla; la mano se le para un momento en ella; no dice nada, espera a que pase yo. Ya pasado, dice detrás de mí: si he escrito ya aquella exposición.
Digo que todavía no.
Dice que sin prisa.
Por la tarde voy a por Nian. Cuenta que la profesora le ha mandado practicar el tercer compás solo, diez veces. Digo que ¿y lo ha practicado? Dice que seis. Digo que quedan cuatro. Dice que en casa. En casa lo practica once veces, y al acabar baja la tapa del piano ella misma, muy despacio.
Tong ha contado las siete cajas de tarjetas: doscientas por caja, mil cuatrocientas en total. La cifra la apunta al dorso de la hoja del contador.
Me vuelve a enseñar los sobres del interior del alféizar: dice que ayer contó mal, que no son dos, son tres. La tercera, prensada al fondo; la casilla de la firma, vacía.
No ha abierto ninguna de las tres. Las apila y las sujeta con una pinza; la pinza, traída de la portería.
De madrugada, 03:11:44, escalón 86. Tong acaba de escribir y empuja el registro de vuelta.
Dice que esta semana dos casillas le salen torcidas.
Digo que no pasa nada.
Dice que las repinta.