La mañana del primero de diciembre, cuando Correspondencia dejó sobre su mesa la bolsa del intercambio, ella estaba poniendo número a los talones de las hojas de traducción de la semana, numeración hecha con el lápiz de la estación embrollado en cinta adhesiva, de punta gasta, y lo que salía media talla más grueso que el de los demás; la bolsa era de la Administración, y en la cuerda de la solapa venía pinchado un resguardo con su nombre impreso en la casilla del destinatario, nombre seguido de un número de personal entre paréntesis que hacía tres años que ella no usaba.
Dentro de la bolsa, tres cosas.
Una, el Reglamento sobre el uso y la condición jurídica de los resultados de la recogida de traducción profunda (en pruebas): nueve páginas de cuerpo y cuatro de anexos, con un sello azul de "en pruebas" en la esquina superior izquierda de la primera página; sello derecho, iguales los blancos por los cuatro lados.
Dos, dos páginas de extracto del Boletín conjunto internacional de asuntos de traducción (séptima generación), versión auténtica en chino; en la cabecera, "interna · para cotejo"; en el pie, la fecha de envío, el tiraje y una línea en letra dos cuerpos menor que la del cuerpo, que leyó dos veces para poderla leer: vale la versión auténtica en chino.
Tres, una fotocopia del registro de la clase de traducción de Zhou Shu del primero de diciembre. En la esquina superior derecha, "para informe" escrito a mano, letra del maestro de la clase, apretada; la última raya arrastrada hasta arrancar un doblez en el borde del papel.
Se leyó primero los anexos; terminados, apiló las nueve páginas del cuerpo por orden, y al apilar apretó el lado del lomo con la palma — vieja costumbre suya de leer papeles: apretado, al pasar las páginas no se van dos de una.
El artículo séptimo del extracto lo copió después entero al cuaderno de tapa blanda, y al copiarlo descubrió que todo el párrafo traía solo dos puntos:
Las partes coinciden en considerar que el proceso de que se trata continúa avanzando de manera sostenida y que su culminación requerirá todavía cierto tiempo; las partes reiteran que seguirán prestando atención, con prudencia, con buena voluntad y con paciencia, a dicho proceso, manifiestan que están dispuestas a asumir en él responsabilidades proporcionadas a sus respectivas capacidades, y hacen un llamamiento a todas las partes para mantener la contención y la confianza.
Copiado, contó los caracteres: setenta y cuatro.
Cogió la fotocopia y la puso junto a lo copiado. El renglón del registro de la clase de traducción traía diecisiete caracteres:
Dice que todavía no has acabado de ponerlo. Lo volvió a decir. Tenía un poco de prisa.
Escribió en el cuaderno un renglón: setenta y cuatro / diecisiete. Al terminar dejó la punta sobre el papel dos segundos antes de apartarla.
Puso las dos hojas en paralelo y les dio una grapa en la esquina superior izquierda. La vez anterior grapó y desgrapó; esta vez no desgrapó.
Después cogió el lápiz y cercó en la fotocopia el "tú".
Cercado, corrió hacia sí la página del extracto y dibujó junto a "el proceso de que se trata" un cuadrado. El cuadrado, vacío.
Se quedó mirando el cuadrado vacío un rato.
Pasó al pie de la página del extracto. En el pie, un número de seis cifras, el número del registro citado. Lo contó: seis. El número del registro de la clase de traducción era de siete cifras, y las seis primeras, las mismas.
Puso con el lápiz un punto bajo la línea del pie.
Del original de la clase de traducción no había visto nada. Llamó a la segunda planta del edificio de laboratorios; contestó el jefe de estudios, y dijo que el registro estaba en el equipo docente, que la gente del equipo venía solo por la tarde.
Dijo ella, entonces quiero ese renglón de la fotocopia.
Dijo el jefe, la fotocopia es todo lo que hay.
Preguntó ella, ¿un renglón por cada parte?
Dijo, un renglón por cada parte.
Preguntó, ¿quién lo dio?
Dijo, lo dio el maestro.
Preguntó, ¿y antes de darlo, alguien le preguntó a la niña?
Dijo, no.
Dijo ella, entonces lo ha dicho ella sola.
El jefe se paró un momento.
Dijo el jefe, si usted lo redacta así, vale.
Colgó. Colgado, escribió en el cuaderno seis caracteres: sin pregunta, dicho espontáneo. Debajo trazó una raya.
A las diez y media llamó el camarada Tong. Dijo primero la unidad, después el nombre, después el número del documento, con la misma velocidad pareja, sin pausas entre medias; desde que ella había entrado en la Administración, cada llamada suya venía así.
Dijo, esta copia va por distribución; la de ustedes, por la estación.
Dijo, el reglamento entra en pruebas desde hoy.
Preguntó ella, ¿en pruebas cuánto tiempo?
Dijo, no está escrito.
Preguntó, ¿antes la traducción profunda entraba en el texto?
Dijo, antes solo entraba en el registro oficial.
Preguntó, ¿y ahora por qué entra?
Dijo, ahora hay procedimiento.
Dijo: dos intérpretes en plantilla firman, se anota la hora de recogida, quién estaba presente y el número del registro de la frase original, y ya cuenta.
Preguntó ella, ¿y lo que no se puede verificar?
Dijo, lo no verificable no cuenta.
Preguntó, ¿y este renglón, se puede verificar?
Se paró un momento.
Dijo, este renglón lo firman dos.
Dijo ella, firman lo que ellos han oído.
Dijo, firman lo que ha dicho la niña.
Preguntó, ¿es lo mismo?
Dijo, para el procedimiento, sí.
Dicha esta frase, los dos lados se pararon. Parados, se oía papel de su lado, el sonido de alguien recogiendo periódicos en una oficina: una pasada, un sacudón.
Dijo, ingeniera Lin.
Dijo ella, diga.
Dijo, que esto sube, es una cosa buena.
Dijo ella, lo sé.
Al terminar lo oyó ella misma: había contestado media sílaba antes de tiempo. Hizo rodar el lápiz entre los dedos y no añadió nada.
Dijo, el número del pie tiene seis cifras.
Dijo, en el cuerpo se imprimen seis.
Preguntó, ¿y la séptima?
Dijo, en los anexos.
Preguntó, ¿y los anexos quién los mira?
Dijo, los anexos, al archivo.
Colgó. Xiao Jiang pasó junto a su puesto con la taza de esmalte; en el borde, el aro de costra, hoy un punto más grueso.
Dijo, ¿las palabras de los niños ahora sirven de documento?
Dijo ella, sirven.
Dijo, entonces lo que digan a partir de ahora tiene que contar.
Preguntó ella, ¿antes no contaba?
Dijo, antes entraba en el registro oficial.
Dicho esto se rió una vez, y se fue con la taza.
Ella no volvió la cabeza.
La hoja de firmas iba en la última página. Contó: siete firmas; las seis primeras, a tinta azul negra, todas del mismo cuerpo, como hechas sobre cuadrícula; la última, a bolígrafo, tres caracteres, la última raya hacia arriba, más larga que las seis anteriores, media punta de centímetro más larga.
Las miró dos segundos y volvió el papel a la primera página.
El camarada Tong le había transmitido por teléfono una frase del director Gu.
Dijo, el director Gu dijo en la reunión que la palabra de los niños no puede quedarse siendo borrador indefinidamente.
Preguntó ella, ¿palabra por palabra?
Dijo, palabra por palabra.
Preguntó, ¿y se anotó?
Dijo, anotada, en el acta.
Preguntó, ¿y el acta se reparte?
Dijo, se reparte.
Preguntó, ¿hasta qué nivel?
Dijo, hasta el nivel que tiene niños.
La frase no la entendió, y no preguntó. En el cuaderno escribió "el nivel que tiene niños", y detrás, un signo de interrogación.
Antes del mediodía el jefe de sección vino a pedirle una cosa.
Pedía el parecer escrito de la estación, dos páginas, dejando constancia de que el extracto del boletín no chocaba con la serie de hojas de traducción que la estación conservaba.
Preguntó ella, ¿chocar es qué?
Dijo, chocar es que no escribas choque.
Preguntó, ¿entonces qué escribo?
Dijo, escribe lo que tú mediste.
Dijo ella, yo mido hojas de traducción.
Dijo, con las hojas basta.
Dijo ella, la frase del boletín no es hoja de traducción.
Dijo, eso no lo decidimos nosotros.
Dicho esto no siguió. Volvió a la oficina, escribió las dos páginas, y al terminar tachó una frase en el tercer renglón; la frase tachada era "los testigos y los registros del lado del aparato no coinciden". Tachada, miró el tachón y dobló el papel por el lado sin tachar.
Por la tarde ordenó por fecha los talones de las hojas de traducción de la semana.
En la casilla de por verificar, este mes, ningún día nuevo con letra.
Ordenó por fecha los días con letra, y la línea de los intervalos seguía siendo la de la vez anterior: tres, dos, una, cuatro, una, dos.
Detrás añadió tres caracteres: sin regularidad. Miró dos segundos y, como la vez anterior, no lo tachó.
Puso la línea junto al artículo séptimo del boletín. Miró un rato; pasó la página del boletín por encima, tapando las hojas.
A las dos de la tarde subió a la tercera planta.
He Che seguía allí. La maleta en pie en el rincón, el tirador sin recoger; de la tercera caja seguía siendo la rueda la que sonaba fuerte, y lo oía desde el pasillo.
Estaba corrigiendo el original, a bolígrafo rojo; cada corrección, una tirita de papel al lado, tiritas cortadas un pelo más grandes que una caja de cerillas.
Dijo ella, ya lo sabe usted.
Dijo, por la mañana lo repartió la Administración.
Le tendió la página del extracto. No la cogió; extendió ella el papel sobre la mesa, junto a su tomo impreso.
Lo leyó. Se leyó las dos páginas; al terminar corrió el papel hacia su lado.
Dijo, esta frase, se la troceo.
Escribió en una tira: continuidad. Inacabado. Responsabilidad.
Dijo, cuadra con el borrador.
Preguntó ella, ¿y con la persona, cuadra?
No contestó.
Dijo ella, en el borrador hay un "tú".
Dijo, lo sé.
Dijo ella, en el boletín no hay.
Dijo, en la versión auténtica en chino no hay.
Dijo, lo he leído tres veces.
Dijo ella, al cambiarlo, lo primero que han cambiado ha sido el modo de llamar.
Dijo, cambiado el modo de llamar, la frase ya no hace falta cambiarla.
Lo anotó. Anotado, trazó debajo una raya, más ancha que la letra.
Dijo, en mi sistema, la segunda persona sigue en cero casos.
Preguntó ella, ¿entonces esto qué es?
Dijo, es de la parte de ustedes.
Dijo, no entra en el mío.
Dijo ella, ha entrado en un texto internacional.
Dijo, entrar en un texto no es entrar en el sistema.
Dicha esta frase, levantó la vista hacia él. Estaba aplastando la tirita de papel; para aplastarla usaba el costado del índice, donde había una hendidura, y la hendidura era nueva.
Preguntó, ¿la caja del cincuenta y uno al cien, la ha abierto?
Dijo, no.
Dijo ella, en el registro de esta clase de traducción hay una palabra, con "sin número" entre paréntesis.
Dejó el bolígrafo.
Dijo, léamela.
Dijo ella, no la leo. Se la señalo.
Le dio la vuelta a la fotocopia y señaló el renglón: el maestro había escrito "□ (sin número)", y detrás, entre paréntesis, cuatro caracteres — acción, inacabado.
Dijo, también las acciones se dividen en con número y sin número.
Preguntó ella, ¿con número cuántas?
Dijo, cincuenta.
Preguntó, ¿y esta, qué número es?
Dijo, no tiene.
Dijo, el número se queda, la acepción vacía.
Preguntó, ¿entonces qué es?
Dijo, es una acción.
Preguntó, ¿qué acción?
Dijo, no lo sé.
Dijo, lo que sé está escrito en las cincuenta fichas de la caja.
Dijo, las fichas están vacías.
Dijo, la Administración me ha pedido un capítulo más.
Preguntó ella, ¿de qué?
Dijo, de traducción profunda.
Dijo ella, ¿y usted no lo recogía?
Dijo, la ley lo recoge.
Preguntó, ¿y su sistema?
Dijo, lo añado en el apéndice.
Preguntó, ¿el apéndice cuenta como sistema?
Dijo, el apéndice no cuenta.
Lo anotó debajo de "entrar en un texto no es entrar en el sistema", con un renglón en blanco entre las dos frases.
Dicho esto puso la mano sobre la segunda caja de fichas; la puso un momento, y no la alzó.
A las seis y veinte llegó a casa. Zhou Yu estaba en la puerta del bloque, con una bolsa de papel kraft bajo el brazo, la boca enrollada dos vueltas.
Dijo, lo he notificado.
Preguntó ella, ¿notificar qué?
Dijo, sacarla tres días fuera.
Preguntó, ¿cuándo?
Dijo, a mediados de diciembre.
Preguntó, ¿adónde?
Dijo, sureste de Guizhou.
Preguntó, ¿a cuánto?
Dijo, primero avión, luego carretera. Cuatro horas de coche.
Dijo ella, a la montaña.
Dijo, a la montaña.
Fue sacando de la bolsa impresos, un fajo grapado; primera página, índice, y bajo el índice un número impreso, con el formato de la Administración, adaptado por él.
Dijo, cuatro mediciones al año. Cuatro trimestres, todos por debajo del límite de detección.
Preguntó, ¿quién midió?
Dijo, ellos mismos.
Preguntó, ¿el límite de detección cuánto es?
Dio un número. Lo anotó en el cuaderno de tapa blanda, y detrás, entre paréntesis, dos caracteres: automedición.
Dijo ella, ¿usted se fía del material?
Dijo, no me fío.
Dijo, he estado en dos.
Preguntó, ¿los dos por debajo del límite?
Dijo, el tercero no he estado.
Dijo, pienso llevarla.
Preguntó ella, ¿llevarla a ver qué?
Dijo, verla dos días sin hablar.
Dijo ella, dígalo claro.
Dijo, verla dos días quieta.
Ella no recogió.
Dijo, termínese la frase.
Dijo, allá no hay subruido.
Dijo ella, no medirlo no es que no haya.
Dijo, lo sé.
Dijo, por eso la llevo.
Dijo ella, el papel de registro de la estación va sobre una línea de base, plana; he mirado dos metros.
Dijo, el de la montaña no lo he visto.
Dijo, yo tampoco.
Dicha esta frase, los dos se pararon. Parados, se apagó la luz del pasillo, de las de temporizador; apagada, un bloque de oscuridad en la puerta.
Se le vino a la memoria la magnitud siete del diecinueve de noviembre; recordarla una vez era apretarla abajo una vez.
Devolvió los impresos a la bolsa. Al fondo de la bolsa quedaba una hoja A4: el mapa, un sitio cercado a lápiz por tres vueltas, la tercera vuelta sobre la tinta.
Lo miró una vez. No preguntó.
Al irse se le deslizó el mapa de la bolsa y cayó al cemento de la puerta del bloque. Él no lo vio, y ella no lo llamó.
Se agachó, lo recogió, le frotó el polvo en el pantalón y lo metió en la bolsa de papel kraft, al fondo.
Sacó del bolsillo una hoja. Impresa, con el formato de la Administración, dos milímetros más estrecha de columna: compaginada por él.
Dijo, por el procedimiento lo hago.
Dijo ella, firma y fecha de hoy.
Escribió. Al terminar le tendió la hoja. Ella firmó en la casilla del tutor, y encajó el capuchón.
Dijo, cuarenta y ocho horas.
Dijo, cuarenta y ocho horas.
Dobló la hoja dos veces y se la guardó en el bolsillo del pecho.
Dijo, el coche del día doce por la mañana.
Dijo ella, al llegar, teléfono.
Dijo, una vez al día.
Preguntó, ¿ella sabe adónde van?
Dijo, le he dicho que de excursión.
Dijo ella, preguntará por qué no hay sonido.
Dijo, preguntará.
Preguntó, ¿y qué le contestas?
Dijo, le digo que en la montaña es así.
Ella no recogió.
Dicho esto se fue. Andando, la bolsa bajo el brazo, y de las dos vueltas de la boca se soltó una.
Subió y abrió el calendario de mesa. La página de diciembre, papel blanco, las fechas impresas, las casillas vacías.
En la casilla del tres escribió un renglón: consulta especial, 14:30.
Al terminar lo miró dos segundos y debajo dejó un renglón en blanco.
El dos de diciembre por la noche se llevó las dos páginas a casa.
Después de cenar quedaban cuencos en la mesa; los corrió hacia dentro, y extendió la página del extracto delante de Zhou Shu. El canto del papel sobre la juntura de la mesa.
Zhou Shu leyó primero la cabecera; dos segundos.
Empezó a leer en voz alta. Muy despacio; al llegar a "su culminación requerirá todavía cierto tiempo" se paró un momento, y siguió.
Al terminar dejó el papel.
Dijo, esto no lo digo yo.
Dijo, lo que yo digo es mucho más feo.
Lin Wanzhao preguntó, ¿tú qué dijiste?
Zhou Shu dijo, dice que todavía no has acabado de ponerlo.
Lin Wanzhao preguntó, ¿y más?
Zhou Shu dijo, nada más.
Lin Wanzhao dijo, en el borrador hay más.
Zhou Shu dijo, no me acuerdo.
Lin Wanzhao preguntó, ¿qué es lo feo?
Zhou Shu dijo, que dije que tenía prisa.
Lin Wanzhao dijo, prisa.
Zhou Shu dijo, lo de la prisa no suena bien.
Dijo, es que apremia.
Lin Wanzhao preguntó, ¿apremia a quién?
Zhou Shu dijo, no sé.
Dijo, eso que han escrito suena demasiado bien.
Lin Wanzhao preguntó, ¿y suena bien o no?
Zhou Shu dijo, si suena bien, no lo he dicho yo.
Preguntó, ¿esto para quién es?
Lin Wanzhao dijo, para los adultos.
Zhou Shu preguntó, ¿de qué país?
Lin Wanzhao dijo, de muchos.
Zhou Shu preguntó, ¿y lo entienden?
Lin Wanzhao dijo, firman.
Zhou Shu preguntó, ¿entonces yo dónde firmo?
Lin Wanzhao dijo, no hay casilla tuya.
Zhou Shu preguntó, ¿entonces yo qué soy?
Lin Wanzhao dijo, eres el borrador.
Zhou Shu preguntó, ¿el borrador qué es?
Lin Wanzhao dijo, la cosa que ellos citan.
Zhou Shu preguntó, ¿y después de citarla?
Lin Wanzhao no contestó.
Preguntó, ¿entonces después sigo diciendo o no?
Lin Wanzhao dijo, si quieres decir, dices.
Dijo, dicho, ya no es lo que he dicho yo.
Lin Wanzhao dijo, en el borrador sí es tuyo.
Zhou Shu dijo, el borrador no lo mira nadie.
Lin Wanzhao no recogió. Estiró el papel una pulgada hacia sí, hasta la juntura de la mesa, en paralelo al canto.
Zhou Shu se puso en pie. La correa de la mochila, larga por un lado y corta por otro; se la acomodó una vez y no la dejó derecha.
Preguntó, ¿mañana a qué hora?
Lin Wanzhao dijo, a las dos y media.
Zhou Shu dijo, ah.
Entró en su cuarto. Antes de cerrar levantó un poco el picaporte — flojo el picaporte; levantado, la cerradura entraba.
Lin Wanzhao guardó las dos hojas en la bolsa de papel kraft y anudó la boca.
Abrió el cuaderno de tapa blanda por la página de "setenta y cuatro / diecisiete" y repasó una vez el "tú". Repasado, la punta se detuvo en el papel y pinchó un puntito.
En el calendario, debajo de la casilla del tres, el renglón en blanco seguía.
En el renglón en blanco escribió una palabra: prisa.
Al terminar la miró dos segundos; no la tachó.
Devolvió el calendario debajo del teléfono, devuelto a su sitio de siempre.